Por. Pastor César Castellanos
Me encontraba en Cartagena de vacaciones con mi familia. Eliemerson, mi yerno, durante ese tiempo especial me dijo que había conocido a alguien que me queria ver, era la persona que me había ayudado en el momento del atentado. El día después a la conversación con Eliemerson, ya me estaba conociendo con esta gran persona y la verdad es emocionante conocer a aquellos que el Señor Jesús definió como buenos samaritanos.
Actualmente él es un empresario, pero en ese momento era un joven que vio una necesidad y decidió abandonar su auto para ayudar a un extraño; aunque su familia le insistía que no lo hiciera, que lo podían enredar con interrogaciones y papeleos, él no atendió a ninguna de las sugerencias de sus familiares, sino que decidió dar la mano a alguien que en ese momento lo necesitaba. El encuentro fue agradable, y pudimos revivir lo que fueron aquellos momentos tan dramáticos, Durante la charla me comentó que nunca logró saber lo que había acontecido con mi esposa, que habia sido herida. Hasta ese día se enteró que mi esposa había recibido un disparo que había entrado por el brazo izquierdo y había quedado a dos milímetros del corazón.
Este hombre me dijo que como militar, había sido entrenado en aplicar primeros auxilios, y cuando entró en nuestro auto, lo primero que hizo fue pasarme a la silla de atrás, y detener la sangre que brotaba del cuello, acompañándome hasta el hospital. Algo que también lo había impresionado, era que todo el auto estaba lleno de niños, recordando claramente a mi hija Sara, que en ese entonces tenía cinco años, y que mi esposa la llevaba sobre las piernas.
Una de las preguntas que me formuló fue ¿Qué había sentido cuando me dispararon? y le dije, que todo había acontecido tan rápidamente, las balas entraron como alfileres, y en cuestión de segundos empecé a sentir que la vida se iba, pues los cinco disparos que recibí no me los habían dado como una advertencia, sino que eran un decreto de muerte; pues el primero rozó la base del cráneo, el segundo entró por la parte izquierda del cuello y salió por el lado derecho; otros dos entraron por el pecho y el último que iba para el corazón, dio en el reloj y el metal desvió la bala. En ese instante mi esposa reaccionó y me habló con autoridad diciéndome: "César, ¡no te mueras!" Yo logré oír la voz de mi esposa, y en ese momento escuché otra voz que me preguntó: ¿Crees que te mueres o te salvas? De mi respuesta dependería todo, y recordé el verso que ese domingo le había predicado a toda la Iglesia, está en Romanos 8:11. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros". Y después de confesarlo el espíritu de vida vino a mi cuerpo, abrí los ojos y le pregunté a mi esposa por mis hijas, allí entraron ayudarme estos buenos samaritanos.
Aproveché aquel momento para agradecerle y le dije algo que sé con seguridad lo estremeció: La Biblia enseña que aquel que le da un vaso de agua a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá.
A propósito si este día tuviera que partir de este mundo, ¿estaría preparado? Pues permítame decirle algo que la mejor manera de hacerlo es teniendo a Jesús en el corazón. La experiencia que tuve en ese instante en que me estaban disparando, era como si la mano de Jesús se hubiese interpuesto entre el revolver y mi vida, y el poder destructivo de las balas perdió su efecto y por tal motivo fue que no morí. Pero también doy gracias a Dios por aquellos que me ayudaron, tendiéndole la mano a alguien que ellos no conocían, pero que necesitaba de esa ayuda.
Que el Señor bendiga a aquellos buenos samaritanos y les conceda los deseos de sus corazones.
escrito por Marcelotas , enero 28, 2010
escrito por astrid marcela , enero 20, 2010
escrito por ROCIO MARTINEZ , enero 17, 2010








Buenos dias pastores Cesar y Claudia Castellanos
La experiencia de esta tiempo fué dificil para mi,, ya que son para mi mis padres espirituales y gracias a ustedes Dios ha cambiado mi vida, la mayoría de mi familia y le servimos a Dios.
Fuimos obedientes al entrar en oración y ayuno por nuestros pastores y fué muy hermoso verlo cuando se recupero nuestro pastor Cesar y llegó a la iglesia un dia a la reunión que teniamos.
Gracias pastores por toda la formación que hemos recibido, por enseñarnos a depender de Dios, para pasar las pruebas.
Sonia Cante